Ciudad y participación, Lonkomeo por un bien común intergeneracional

Ciudad y participación, Lonkomeo por un bien común intergeneracional

X Manuel Ludueña

 

Buenos Aires no es un espacio social de los funcionarios electos ni de los designados por ellos, son solo representantes temporales de los ciudadanos. La ciudad es un ámbito que se reconstruye permanentemente con todos los que la habitan. Es indispensable promover instancias que habiliten espacios políticos de corresponsabilidad, concordantes con la vigencia de toda nueva obra o instrumento de gestión, tal como el Código Urbanístico, de Transporte, Ambiental, entre otros, y las mega obras o la venta de la tierra pública.

 

Dinámica y cambio

Hay muchas maneras y orientaciones para definir una ciudad, entre ellas se puede adoptar la de enunciarla en el accionar de la base sociocultural y económica sobre el ambiente: la ciudad es un ámbito decisional sociocultural permanente de la movilidad y el desarrollo de las actividades, sobre ambientes naturalizados y su entorno, en tanto se alteran los propios espacios construidos y se reproduce un ámbito urbano similar al anterior. Son diversos los aspectos posibles de resaltar, en principio:

  • las modificaciones permanentes -algunas subrepticias a la observación y a los sistemas de registro- pero que pueden dar por resultado transformaciones, alteraciones profundas que afectan al medio construido y a los mismos miembros de la sociedad o a todos, en casos excepcionales -un nuevo centro comercial al haberse densificado una zona; la falta de energía eléctrica por alguna falla del sistema; la instalación progresiva de comercios en una calle y la falta de árboles de alineación; el asfalto gradual de las calles y el incremento de la temperatura en las veredas y el ruido vehicular o los accidentes-;
  • ese accionar genera acumulación y dispersión de componentes que alteran la atmósfera, el suelo urbano y, más lentamente, el estado de los cursos de agua, en general, asociados al uso intensivo por desplazamiento entre actividades -de casa al trabajo, a la escuela, a realizar gestiones y su regreso o desplazamiento a otras actividades, demandando a cada paso: transporte, alimentos, ocupación del espacio público, combustible, emisiones, residuos, luz, agua, gas, etc.-;
  • las obras realizadas por esa población se degradan o afectan, requiriendo su mantenimiento, reparación o, eventualmente, demolición -edificios, calles, conductos de infraestructura, puentes, etc.-;
  • la capacidad innovativa al proponer nuevos espacios construidos, así como de sus materiales y sustituciones, incluso del tipo de energías, acentúan la diversidad y la tolerancia a dicha modificación, lo cual podrá ser más comprendido si se comparte previamente dicho accionar; no cabe duda que toda alteración significativa -asfaltar una calle que era de adoquines, construir un edificio de más de 4 pisos donde había uno de planta baja,  ocupar una plaza con actividades y construcciones no complementarias, hacer una autopista cuyo borde está a menos de 100 metros de las viviendas existentes, entubar un curso de agua, etc.- requiere ser tratada y adaptada al contexto sociocultural afectable, puesto que la preeminencia no está en la inversión: para los vecinos y el entorno de afectación es una “intervención”, una “alteración del orden público local”, a la vivencia del espacio público.

 

Sistema decisional

Cotidianamente, en la ciudad se opera en un sistema decisional complejo -nano, micro, meso y macro, decisional interrelacionado-. Por ello, hay corresponsabilidad sobre: para qué, quién, cómo, dónde, cuándo se actuará. Nada, en principio, afecta las nano decisiones -tomar un colectivo, ir a un café- están incluidas en la dinámica que se reitera -aproximadamente- de modo cotidiano. Las micro decisiones, relacionadas con los trabajos o quehaceres sistemáticos -comprar, preparar comida, vender productos, reparaciones, atender al público y otras-. Las meso decisiones relacionadas con modificaciones -demoliciones, sustitución o cambio de instalaciones, nuevos edificios, rellenos parcelarios, plantaciones masivas, de servicios y equipamientos públicos, etc.-. Las mega decisiones concurrentes con cambios en el corto o mediano plazo, con efectos sociales y ambientales significativos -centros comerciales, autopistas -parciales o totales-, nuevas industrias, nuevas redes de energía, comunicación u otras, puentes, jerarquización vial, nuevos modos de transporte, instrumentos de largo plazo como los Códigos de Edificación y Urbanístico, etc.-.

Un principio: toda propuesta para hacer en la ciudad -una meso o mega decisión- no puede considerarse como incomprensible para la comunidad. La democracia implica un tratamiento entre iguales, para todos y todas. Toda diferencia de conocimiento es adecuable mediante capacitación e información, derecho irrevocable previo a la transformación de una decisión en acción o concreción. No se trata de una teoría, es mera práctica democrática, muchas veces eludida y, para ello, rodeada de supuestos que, en el mejor de los casos, pueden distinguirse como prejuicios pero que, generalmente, se trata de discriminación y, finalmente, de autoritarismo -práctica antidemocrática por excelencia- para obtener ganancias -económicas y/o políticas- más rápidas sin responsabilidad.

La representación debe ser real: los representados deben poder conocer y tener reuniones con sus representantes, caso contrario, no solo no es democrático sino elitista. Los representantes políticos electos deberían tener debates con sus votantes. ¿Cuántos legisladores tiene la ciudad de Buenos Aires? 60 en la ciudad y 25 en el país, es decir, 41.667 ciudadanos/legislador ciudad y 100.000 ciudadanos/legislador país; sabemos que muchas manzanas de la ciudad tienen más de 35.000 habitantes, incluso, suele votar menos del 70% de los ciudadanos empadronados (29.167 c/lc y 70.000 c/lp respectivamente).  Una representación tiene dos partes: los representados y el representante que, para constituirse y atender toda novedad para la cual el representante no fue votado, deben existir mensajes recíprocos y canal de comunicación. No son comunicación las alocuciones formales, ni los discursos retóricos y unilaterales, los mails solo con imágenes.

Vivimos en una sociedad compleja, no comprensible de modo satisfactorio. Pero hay muchos medios de comunicación e información que deben, también, democratizarse. No se puede relegar como imposible el accionar democrático, sin paternalismos ni seres predestinados. No es central la reelección de un intendente, gobernador o presidente, sino propender a una construcción corresponsable, -en este caso del espacio social urbano- para sentirlo como propio, para cuidarlo, para mantenerlo en comunidad, como bien delegado y a delegar a futuras generaciones, como un bien común intergeneracional.

 

Democratizar las instancias de decisión

Es atendible la elección unipersonal para decidir sobre las prácticas burocráticas de gestión y ejecución de mantenimiento o sistemáticas, no así para la materialización de novedades, de cambios significativos. Previo a la concreción de meso y macro decisiones no es suficiente que lo haga un solo funcionario electo, aunque se encuentre acompañado por ministros y secretarios. Toda decisión con efectos y durabilidad de más de dos períodos de gobierno -8 años- requiere de fundamentación y consultas capaces de alcanzar consenso antes de su materialización -incluso no es necesario que lo diga la constitución, es una cuestión ética, el imperativo de responsabilidad: “Actúa de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica”, Hans Jonas-.

Asimismo, los consensos implican co-proyectar; no el tratamiento de un producto casi acabado, con un universo restringido, no apto para una comunicación fluida, debatir, diseñar conjuntamente -un Código, un mega proyecto de transporte, etc.-. A su vez, consensuada una meso o mega decisión debe ser difundida a toda la comunidad -tal el caso sub ejecutado de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires-.

En periodos pretéritos las mega decisiones -guardando su momento histórico- han transitado por decisiones de ultramar -el trazado inicial de la ciudad de los Buenos Ayres-, modificaciones y ampliaciones virreinales, del Cabildo y de los Ejecutivos sucesivos en base a políticas y mejoras sectoriales -iluminación, pavimentación, puerto, rellenos-, hasta decisiones en base a la expertise de hidráulicos, ingenieros de transporte, arquitectos escolares, urbanistas, etc. La Constitución de la Ciudad (1996) prevé una serie de instrumentos de recolección de opiniones -audiencias públicas, 15 Juntas Comunales y sus organismo deliberativo-, pero, a la luz de sus resultados no son satisfactorios, ni suficientes; incluso se observa que solo se valora la “presencia vecinal” no los dichos y contenido de las presentaciones, por lo cual languidece como participación: SE CARECERSE DE INSTANCIAS PARA INVALIDAR LOS ACTOS DE DECISIÓN POSTERIORES, SIN INSTANCIAS INMEDIATAS DE OPOSICIÓN AL DICTAMEN.

Es indispensable avanzar en democratizar las instancias de decisión para realizar obras o implantar normas que trasciendan el periodo de gestión del Jefe de Gobierno o de los Legisladores, puesto que, posteriormente, los 61 funcionarios electos carecerán de responsabilidad. Para ello, una respuesta adecuada podría inscribirse en una mayor corresponsabilidad entre electos y ciudadanos. Se necesita una perspectiva que transparente y genere un ámbito común de apropiación, en particular, LA PARTICIPACIÓN CIUDADANA COMO CUARTO PODER -al igual que los otros tres poderes ser institucionalizada y tener la facilidad de co-gestionar- en lugar de las mediaciones de opinión.

 

Diversidad: sociocultural y territorial

Los vecinos de los barrios de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires demandan ser atendidos por sus representantes, así como por los funcionarios ante el proyecto de un “Código Urbanístico”. El sistema de consulta realizado solo fue dar “información sobre lo proyectado”, en el mejor de los casos con “aclaraciones sobre lo establecido en un articulado definido unilateralmente”. Lejos está de las aspiraciones de una elaboración en base a las necesidades de los habitantes. En el mejor de los casos el proyecto puede ser entendido como postura de los técnicos y funcionarios del área de la autoridad de aplicación.

EL PROYECTO DE “CÓDIGO URBANÍSTICO” NO RESPONDE A LAS EXPECTATIVAS DEL PRESENTE NI DE LAS ÚLTIMAS DOS DÉCADAS DE LOS HABITANTES DE LA CIUDAD, es decir, ante el proceso de sustitución de demoliciones por sobre-construcciones que, en la misma parcela, se pasó de edificios de menos de 200 metros cuadrados a edificios de más de 5.000 metros cuadrados, de viviendas individuales a viviendas suntuosas, oficinas y comercios ABC1. Dicha valorización inmobiliaria no suele responder ni a la idea de la ciudad deseada, sentida o percibida por la comunidad; implica, en innumerables situaciones, la relocalización de vecinos de la ciudad al Gran Buenos Aires, en tanto quedan edificios vacíos en la ciudad -Barrio Puerto Madero-, se acelera el aumento de la capacidad constructiva, los precios de los inmuebles y los alquileres, distorsionando la capacidad cierta de un desarrollo local -económica, social y ambientalmente sostenible-.

La ciudadanía no es homogénea, es diversa socioeconómicamente y culturalmente. La ciudad tampoco es homogénea: hay zonas inundables, barrios con servicios públicos saturados, falta de distribución de equipamientos. El espacio construido requiere responder a la percepción cultural en el territorio de la ciudad, con novedades consensuadas. No es democrático el uso de la aplanadora de los desarrolladores que, en nombre de empleos transitorios, evaluaciones inciertas y desatención del entorno, venden con el márquetin de lo suntuoso, del pertenecer, de una falsa modernización que implica lentos e ingentes desplazamientos poblacionales en pos de mostrar las postales turísticas que brillan con edificios multicolores y amplias sonrisas modelizadas e indoloras.

 

Desentendimiento de las Propuestas Vecinales

Las propuestas y las ausencias en el proyecto de Código Urbanístico dan cuenta de la desatención ¿intencional? de los deseos, posturas y propuestas de vecinos barriales, organizaciones no gubernamentales, redes de grupos vecinales, consensos comunales que se han sustanciado desde las críticas a las excepciones al Código de Planeamiento Urbano -tan características del Consejo Deliberante en el primer quinquenio de la década de los 90-.

Hay demandas de miles de vecinos de los barrios de Núñez, La Boca, Bajo Belgrano, Nuevo Colegiales, Colegiales, Barracas, Parque Patricios, Villa del Parque, Caballito, Flores, Floresta, Recoleta, Palermo, Abasto, Lugano, Liniers, Parque Chas, de los habitantes de los conjuntos de vivienda municipales y de villas y asentamientos, relacionados con la implantación de nuevos usos o actividades, la modificación de plazas y parques, la autorización de actividades con impactos negativos -ruidos, vibraciones, emanaciones, etc.-, destrucción de edificios con valor patrimonial, calles con adoquines patrimoniales demolidas o tapadas con asfaltos, inundaciones reiteradas en los arroyos canalizados, caída de edificios aledaños a nuevas construcciones, la falta de servicios públicos en relación con la población al autorizarse nuevas construcciones, la adecuación de veredas y accesos para personas con discapacidades, entre otros aspectos normados en el Código de Planeamiento Urbano que no se atienden en el proyecto de Código Urbanístico. A ello se agrega la venta de tierras públicas designadas a nivel gubernamental -de la ciudad y nacional- como “innecesarias para la gestión del Estado …” pero “necesarias para la gestión del desarrollo sostenible de los habitantes de la ciudad” en nuestros días.

SE DA PRIORIDAD A DESARROLLADORES -QUIENES COMPRAN UN PREDIO CON UNA NORMATIVA QUE LOS HABILITA A CONSTRUIR UNA SUPERFICIE MÁXIMA CON DETERMINADOS USOS- Y A PROMOTORES DE CONCESIONES -PRIVATIZAN ESPACIOS PÚBLICOS- QUE PRESIONAN A LOS 61 FUNCIONARIOS ELECTOS PARA QUE SE LES “FACILITE” IMPLANTAR OTROS USOS, ASÍ COMO INCREMENTAR LA SUPERFICIE CUBIERTA, EN TANTO SE DESATIENDE A LOS VECINOS QUE DEMUESTRAN LOS EFECTOS NEGATIVOS DE “EXCEPCIONES”. Se pueden nominar, entre otros, los casos del: Shopping en Caballito, viviendas exclusivas en ex Boca Juniors, comercios en el Autódromo de Lugano, servicios comerciales en los Parques Chacabuco, Avellaneda, Tres de Febrero y otros, playa ferroviaria de Colegiales, estacionamiento en manzana de Once, comisarías y terminales en espacios verdes de Saavedra y Chacarita, habilitación de calles para carreras de automóviles en el Parque Tres de Febrero y el Área Central estacionamientos tarifados en las calles de barrios residenciales, la venta de la Rural, el zoológico, el velódromo, el relleno permanente de la costa del río de La Plata, la autopista ribereña en el Barrio Puerto Madero, los pasos bajo nivel “sapitos” para autos en Agronomía, Núñez, Urquiza, la demolición de miles de edificios con interés patrimonial vecinal.

 

Lonkomeo (a modo de)

Los habitantes de Buenos Aires no solo votan, también opinan, fundamentan sus dichos y proponen mejoras a sus observaciones. Lo hacen en reuniones comunales, en reuniones de las Comisiones de la Legislatura, en presentaciones ante la Defensoría del Pueblo, en el Ministerio Público, en cada dependencia del Poder Ejecutivo, en demandas judiciales, en movilizaciones, en Audiencias Públicas, ante medios de comunicación social, con notas periodísticas, programas radiales, radios barriales, exposiciones, talleres, conferencias, con pancartas y volantes, etc. Todo ese trabajo voluntario por estar en un ámbito urbano mejor, puede tener a veces criterios limitados, pero, en la mayor parte de los casos son desoídos por intereses contradictorios sin una integración y búsqueda de acuerdos.

La capacidad constructiva existente promedio es, aproximadamente, de algo más de 3 pisos, en tanto, se propone, sin fundamento, un incremento de la capacidad constructiva promedio superior a 7 pisos (23,60 metros). El contenido del proyecto de Código Urbanístico debe responder a los requerimientos de sus habitantes, no solo a los desarrolladores, a las tensiones de globalización, a la visión economicista de alentar el aumento del precio de la tierra para igualarse con otras ciudades de la globalización y facilitar los precintos ABC1 tipificados. Ello no contribuye con el desarrollo local a partir de sus vivencias, ni la apropiación de sus habitantes. LOS 61 REPRESENTANTES, FUNCIONARIOS ELECTOS, NO FUERON ELECTOS PARA VACIAR DE CONTENIDOS LOS VALORES SIMBÓLICOS SOCIOCULTURALES DEL HÁBITAT URBANO BUENOS AIRES.

En tanto, los vecinos se siguen manifestando y ruegan día a día (a modo de Lonkomeo) para que las autoridades obren con el fin para el que fueron electos y no para que obren como medio, así como propender a decisiones consensuadas y asumir el principio de responsabilidad.

X Manuel Ludueña

Noviembre de 2017

Manuel Ludueña / Buenos Aires Sostenible

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